Editorial El Contrapunto 22/03/2023

¿Recuerdan el cuento de Hans Christian Andersen? ¿El del Nuevo Traje del Emperador? Todos los cortesanos alababan el ficticio ropaje el Monarca hasta que un niño dijo “el Rey está desnudo”.
Pues bien, ayer no fue un niño, sino un anciano, el que puso en evidencia al Gran Mandarín. Fue el profesor Ramón Tamames quien, prescindiendo de todo el boato y protocolo con el que se rodean nuestros políticos, quien expreso en voz alta lo que todos los espectadores de la moción de censura, estábamos pensando: “menudo rollo nos están metiendo”.
Tamames, que a su edad se puede permitir decir sin rodeos lo que piensa, se quejó de las larguísimas intervenciones de Pedro Sánchez, al que afeó haberse traído de casa un tocho de 20 folios. Y, ante la hora y cuarenta minutos que empleó Yolanda Díaz para hacer un mitin de presentación de su imaginario proyecto “Sumar”, también le recriminó su tediosa intervención propagandística.
La estrategia de Sánchez era clara: tratar de agotar al anciano, a base de intentar adormecerle con su interminable perorata. Pero no lo consiguió. El viejo profesor aguantó estoicamente y, además, dio una clase de ciencia política con un discurso perfectamente hilado y acertado, en el que dibujó, con envidiable brevedad, la situación provocada por este gobierno.
Deberían nuestros dirigentes tomar ejemplo del catedrático, que fue conciso y directo. No se perdió en el lenguaje alambicado con el que nuestros políticos tratan de anestesiarnos, hablando mucho para no decir nada.
Puede que esta moción de censura no sirva políticamente para nada, que termine hoy sin alcanzar sus objetivos parlamentarios. Pero sí habrá servido para una cosa, para darnos la razón a los ciudadanos, que empezamos estar hartos de ese lenguaje que utilizan nuestros dirigentes para justificar sus trapacerías, no reconocer sus desaciertos e imponernos sus criterios.
Ayer, un humano se coló en ese planeta de extraterrestres que es el Congreso. Y, ante esa dialéctica política ante la que unos aplauden y otros abuchean, el anciano, al igual que el niño del cuento, puso en evidencia la desnudez del emperador.

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